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7 Poemas de AMOR

Hombre y mujer se quieren y se aman al borde del mar

Poemas de amor

¡Qué decir de los poemas de amor! Enamoran, emocionan, nos sacan una sonrisa, nos hacen, quizá, llorar de emoción…

Toda ocasión es buena para leer un poema de amor a tu persona querida: una puesta de sol; viajando en tren; caminando, de la mano, por la calle; mientras estamos cenando; en la cama, antes de dormir; como regalo de cumpleaños o regalo de aniversario…

Es por ello que en esta página te mostramos siete poemas de AMOR que nos fascinan. Además, encuentras categorías más específicas de poemas de amor.

¡Disfrútalos! ¿Cuál es tu FAVORITO? Déjanos un comentario abajo; nos encantará escuchar tu opinión 😀

Tipos de poemas de amor

7 Poemas de AMOR (inolvidables)

1. Amante, de Carmen Conde

Es igual que reír dentro de una campana:
sin el aire, ni oírte, ni saber a qué hueles.
Con gestos vas gastando la noche de tu cuerpo
y yo te trasparente: soy tú para la vida.

No se acaban tus ojos; son los otros los ciegos.
No te juntan a mí, nadie sabe que es tuya
esta mortal ausencia que se duerme en mi boca
cuando clama la voz en desiertos de llanto.

Brotan tiernos laureles en las frentes ajenas,
y el amor se consuela prodigando su alma.
Todo es luz y desmayo donde nacen los hijos,
y la tierra es de flor y en la flor hay un cielo.

Solamente tú y yo (una mujer al fondo
de ese cristal sin brillo que es campana caliente),
vamos considerando que la vida…, la vida
puede ser el amor, cuando el amor embriaga;
es sin duda sufrir, cuando se está dichosa;
es, segura, la luz, porque tenemos ojos.
Pero ¿reír, cantar estremecernos libres
de desear y ser mucho más que la vida…?
No. Ya lo sé. Todo es algo que supe
y por ello, por ti, permanezco en el Mundo.

2. [Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío], de Miguel Hernández

Yo no quiero más luz que tu cuerpo ante el mío:
claridad absoluta, transparencia redonda.
Limpidez cuya entraña, como el fondo del río,
con el tiempo se afirma, con la sangre se ahonda.

¿Qué lucientes materias duraderas te han hecho,
corazón de alborada, carnación matutina?
Yo no quiero más día que el que exhala tu pecho.
Tu sangre es la mañana que jamás se termina.

No hay más luz que tu cuerpo, no hay más sol: todo ocaso.
Yo no veo las cosas a otra luz que tu frente.
La otra luz es fantasma, nada más, de tu paso.
Tu insondable mirada nunca gira al poniente.

Claridad sin posible declinar. Suma esencia
del fulgor que ni cede ni abandona la cumbre.
Juventud. Limpidez. Claridad. Transparencia
acercando los astros más lejanos de lumbre.

Claro cuerpo moreno de calor fecundante.
Hierba negra el origen; hierba negra las sienes.
Trago negro los ojos, la mirada distante.
Día azul. Noche clara. Sombra clara que vienes.

Yo no quiero más luz que tu sombra dorada
donde brotan anillos de una hierba sombría.
En mi sangre, fielmente por tu cuerpo abrazada,
para siempre es de noche: para siempre es de día.

3. [Desmayarse], de Lope de Vega

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso;

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso;

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño;

creer que un cielo en un infierno cabe,
dar la vida y el alma a un desengaño:
esto es amor: quién lo probó lo sabe.

4. Romeo y Julieta (soneto 130), de William Shakespeare

Los ojos de mi amada no parecen dos soles
y el coral es más rojo que el rojo de sus labios.
Siendo blanca la nieve, sus senos son oscuros,
y si el cabello es negro en ella es hierro negro.

He visto rosas rojas, blancas y adamascadas,
más nunca en sus mejillas encuentro tales cosas.
Y en algunos perfumes existe más deleite
que en ese dulce aliento que emana de mi amada.

Amo escuchar su voz y sin embargo, entiendo,
que la música tiene un sonido más grato.
No he visto caminar por la tierra a una diosa,

pero al andar mi amada, va pisando la tierra.
Mas juro y considero a mi amada tan única,
que no existe en el mundo ilusión que la iguale.

5. El amor, de Pablo Neruda

Te amé sin por qué, sin de dónde, te amé sin mirar, sin medida,
y yo no sabía que oía la voz de la férrea distancia,
el eco llamando a la greda que canta por las cordilleras,
yo no suponía, chilena, que tú eras mis propias raíces,
yo sin saber cómo entre idiomas ajenos leí el alfabeto
que tus pies menudos dejaban andando en la arena
y tú sin tocarme acudías al centro del bosque invisible
a marcar el árbol de cuya corteza volaba el aroma perdido.

6. Yo pienso en ti, de José Batres Montúfar

Yo pienso en ti; tú vives en mi mente
sola, fija, sin tregua, a toda hora,
aunque tal vez el rostro indiferente
no debe reflejar sobre mi frente
la llama que en silencio me devora.

En mi lóbrega y yerta fantasía
brilla tu imagen apacible y pura,
como el rayo de luz que el sol envía
al través de una bóveda sombría
al roto mármol de una sepultura.

Callado, inerte, en estupor profundo,
mi corazón se embarga y se enajena;
y allá en su centro vibra moribundo
cuando entre el vano estrépito del mundo
la melodía de tu nombre suena.

Sin lucha, sin afán y sin lamento,
sin agitarme en ciego frenesí,
sin proferir un solo, un leve acento,
las largas horas de la noche cuento,
¡y pienso en ti!

7. Soneto 6, de Francisco de Quevedo

Es hielo abrasador, es fuego helado,
es herida que duele y no se siente,
es un soñado bien, un mal presente,
es un breve descanso muy cansado,

es un descuido que nos da cuidado,
un cobarde con nombre de valiente,
un andar solitario entre la gente,
un amar solamente ser amado,

es una libertad encarcelada
que dura hasta el postrero parasismo,
enfermedad que crece si es curada.

Este es el niño Amor, este es su abismo;
¡mirad cuál amistad tendrá con nada
el que en todo es contrario de sí mismo!