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7 Poemas de Amor Tristes

Mujer triste llorando a su amor perdido

Poemas de amor tristes

Hay momentos en la vida que pueden ser crueles, difíciles de superar. Una pérdida. Una ruptura. En esos instantes, todo lo que queremos es llorar. Y que nos dejen tranquilos.

También, quizá, son momentos para leer poesía, de leer poemas de amor tristes. Quizá, también, compartir esos poemas tristes de amor con una amiga, con un amigo, con tu madre…; y, como un pequeño milagro, sentirse, de repente, algo mejor.

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Te invitamos a leer, con calma, estos siete poemas de amor tristes. Porque la belleza, incluso triste, sigue siendo bella.

7 Poemas Tristes de Amor

1. A un bien efímero, de Francisco Rodríguez Marín

¡Oh inesperado bien que a mí viniste!
Cómo en mi corazón te aposentaste,
y en célicos efluvios lo inundaste,
y en un mar de delicias lo meciste!

Pues en tu fuego el alma me encendiste
¿por qué al irte, encendida la dejaste?
Para durar tan poco, ¿a qué llegaste?
Y si llegar te plugo, ¿por qué huiste?

Relámpago fugaz, ¡oh bien!, has sido,
que aún no del todo el fulgurar se advierte,
cuando ya es apagado y fenecido.

Pero aún así, bendeciré mi suerte,
¡oh bien!, porque, perdiéndote, he perdido
el receloso miedo de perderte.

2. Cartas a una desconocida, del Nicanor Parra

Cuando pasen los años, cuando pasen
Los años y el aire haya cavado un foso
Entre tu alma y la mía; cuando pasen los años
Y yo sólo sea un hombre que amó,
Un ser que se detuvo un instante frente a tus labios,
Un pobre hombre cansado de andar por los jardines,
¿Dónde estarás tú? ¡Dónde
Estarás, oh hija de mis besos!

3. Gratia plena, de Amado Nervo

Todo en ella encantaba, todo en ello atraía:
su mirada, su gesto, su sonrisa, su andar…
El ingenio de Francia de su boca fluía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Ingenua como el agua, diáfana como el día,
rubia y nevada como Margarita sin par,
al influjo de su alma celeste amanecía…
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Cierta dulce y amable dignidad la investía
de no sé qué el prestigio lejano y singular.
Más que muchas princesas, princesa parecía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

Yo gocé el privilegio de encontrar en mi vía
dolorosa; por ella tuvo fin mi anhelar,
y cadencias arcanas halló mi poesía.
Era llena de gracia, como el Avemaría;
¡quien la vio no la pudo ya jamás olvidar!

¡Cuánto, cuánto la quise! Por diez años fue mía,
¡pero flores tan bellas nunca pueden durar!
Era llena de gracia, como el Avemaría;
y a la Fuente de gracia, de donde procedía,
se volvió… ¡como gota que se vuelve a la mar!

4. Última rima, de Juana Borrero

Yo he soñado mis lúgubres noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
con un beso de amor imposible,
sin sed y sin fuego, sin fiebre y sin ansias.

Yo no quiero el deleite que inerva,
el deleite jadeante que abrasa,
y me causan hastío infinito
los labios sensuales que besan y manchan.

¡Oh, mi amado! ¡Mi amado imposible!
Mi novio soñado de dulce mirada,
cuando tú con tus labios me beses,
bésame sin fuego, sin fiebre y sin ansias.

¡Dame el beso soñado en mis noches,
en mis noches tristes de penas y lágrimas,
que me deje una estrella en los labios
y un tenue perfume de nardo en el alma!

5. Balada, de Gabriela Mistral

Él pasó con otra.
¡Yo le vi pasar!
Siempre dulce el viento
y el camino en paz.
¡Y estos ojos míseros
le vieron pasar!

Él va amando a otra
por la tierra en flor.
Ha abierto el espino,
pasa una canción.
¡Y él va con la otra
por la tierra en flor!

Él besó a la otra
a orillas del mar.
Resbaló en las olas
la luna de azahar.
¡Y no untó mi sangre
la extensión del mar!

Él irá con otra
por la eternidad.
Habrá cielos dulces.
(Dios quiera callar.)
¡Y él será con otra
por la eternidad!

6. Llueve, de Vicente Aleixandre

En esta tarde llueve, y llueve pura
tu imagen. En mi recuerdo el día se abre. Entraste.
No oigo. La memoria me da tu imagen solo.
Sólo tu beso o lluvia cae en el recuerdo.
Llueve tu voz, y llueve el beso triste,
el beso hondo,
beso mojado en lluvia. El labio es húmedo.
Húmedo de recuerdo el beso llora
desde unos cielos grises,
delicados.
Llueve tu amor mojado en mi memoria,
y cae y cae. El beso
al hondo cae. Y gris aún cae
la lluvia.

7. Soneto, de Antonio Gala

Hoy vuelvo a la ciudad enamorada
donde un día los dioses me envidiaron.
Sus altas torres, que por mí brillaron,
pavesa sólo son desmantelada.

De cuando yo recuerdo, ya no hay nada:
plazas, calles, esquinas se borraron.
El mirto y el acanto me engañaron,
me engañó el corazón de la granada.

Cómo pudo callarse tan deprisa
su rumor de agua oculta y fácil nido,
su canción de árbol alto y verde brisa.

Dónde pudo perderse tanto ruido,
tanto amor, tanto encanto, tanta risa,
tanta campana como se ha perdido.

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